Mudarse por trabajo: Lo que nadie te explica

Mudarse por trabajo suena a una experiencia emocionante, nueva ciudad, nuevo país, salarios más competitivos y nuevas oportunidades. Todos nos imaginamos creciendo profesionalmente, prosperando, dando «el gran salto», pero es más complicado de cómo nos lo pintan.

Hay algo que casi nadie explica cuando firmas ese contrato, haces las maletas y te despides de tu familia en el aeropuerto: Mudarse por trabajo no es solo un cambio geográfico, es un profundo y sustancial cambio interno. Y es que en ambos casos, nos encontramos ante nuevas situaciones a las que hacer frente en los que nuestros cerebros mutan, se inician nuevos procesos de aprendizaje, y necesitamos adquirir también nuevas herramientas para adaptarnos y alinearnos con nuestro entorno.

En artículo te desglosamos algunos aspectos para darte claridad si es que estás considerando cambiar de país por trabajo. Porque aunque es más difícil de lo que nos cuentan, cuando sabes lo que puede pasar, puedes afrontarlo con las estrategias adecuadas y de otra manera.

1. El duelo invisible de mudarse por trabajo

En esta vida toda elección o cambio conlleva un duelo. Un duelo por:

  • Lo que dejas y a quienes dejas atrás
  • El uso de tu propio idioma
  • Tu identidad profesional.
  • Tus rutinas.
  • Lla ausencia de tus códigos socioculturales.

Todo esto yace bajo tierra, en silencio, está ahí latente, aunque lo más conveniente y adaptativo es dejarlo salir fuera. ¿Qué hacer en esta situación?

En vez de pensar «debería estar contento o contenta por esta oportunidad», o «es fácil, todo el mundo lo hace», y cientos de pensamientos acerca del tema en cuestión, lo más indicado para tu salud mental y física es observar y reflexionar sobre el duelo.

No hay que negar, hay que reconocer el potencial y el crecimiento SIN cancelar la pérdida. Es también recomendable el tener a una persona que te apoye emocionalmente durante ese proceso de duelo y que te dé pautas o ideas para sustituir esas pérdidas por ganancias en ese nuevo país.

2. Tu identidad laboral y cultural

En tu país sabías cómo moverte, tenías tus expresiones más características que te hacían ser «tú». Entendías los códigos culturales y sabías exactamente cómo y cuándo intervenir en una reunión. El lenguaje es pensamiento y cuando no dominamos el lenguaje en un contexto es muy común que nuestro autoconcepto y autoestima se resientan o que nos pongamos en duda constantemente.

Puede que:

  • Te sientas menos elocuente.
  • Dudes más antes de hablar.
  • No entiendas ciertos silencios.
  • Interpretes mal respuestas ambiguas.
  • Sientas que has “perdido seguridad”.

Recuerda reflexionar sobre cómo te sientes y qué sientes tuyo que resuena con tu nueva situación. Procura descansar (el sueño hace que nos miremos a nosotros y a los demás de otra manera); y tener paciencia. Te estás recalibrando y eso toma un tiempo. Recuerda que nuestro entorno cambia nuestro comportamiento y, durante un tiempo, tu cerebro está en modo aprendizaje constante.

3. El choque cultural no siempre es dramático

Cuando pensamos en choque cultural imaginamos algo evidente: cambios en nuestra alimentación, costumbres radicalmente distintas, barreras idiomáticas fuertes. Pero muchas veces el verdadero choque es sutil, lo cual nos hace pensar que ya nos hemos amoldado al nuevo ecosistema. Esas diferencias están implícitas en la forma de dar feedback, el uso del humor, la relación con la autoridad y la manera de gestionar conflictos en general.

Lo difícil es que, al ser sutil, no siempre sabes qué está pasando. Solo sientes fricción.

Puedes empezar a cuestionarte: ¿He dicho algo inapropiado? ¿Por qué reaccionaron así? ¿Estoy exagerando?

Y es completamente normal. Aquí la actitud suele ir más ligada a buscar lo universal y sobre todo a la curiosidad y a la actitud prosocial con los que nos rodean para hablar sobre ello e ir aprendiendo sobre esos choques. La compasión y la disculpa también tienen cabida aquí, y transformarán sustancialmente nuestra experiencia.

4. La soledad profesional cuando te mudas por trabajo

Hay algo que pocas empresas globales abordan: la soledad del profesional desplazado.

Aunque estés rodeado de compañeros, la realidad es que tal vez no te sientas parte del grupo, que aunque participes en reuniones no sientas conexión. Y la pertenencia y la afiliación son necesidades vitales de primer orden para el ser humano. Sin ellas:

  • Aumenta nuestro sentimiento de incertidumbre y la inseguridad.
  • Surge un sentimiento de indefensión.
  • Se reduce nuestra motivación.
  • Aumentan nuestros pensamientos irracionales.
  • Mayor rigidez mental.
  • Se resiente nuestra autoestima y nuestro autoconcepto.

Recuerda que esta necesidad no es debilidad, es una necesidad humana básica para nuestra supervivencia.

5. El rendimiento en el trabajo puede fluctuar (y eso es normal)

Muchos profesionales expatriados viven una presión silenciosa: “Tengo que demostrar que valgo, que valió la pena traerme.” Eso puede llevar a: la sobrecompensación, horas extra que son innecesarias, la exigencia y el perfeccionismo al extremo, sobrecarga de información y sobre todo los fallos de comunicación y el miedo a pedir ayuda.

Ningún directivo o manager de departamento debería esperar que tu desempeño marcase el 100% desde el minuto uno, y mucho menos que fuese constante. Hay muchas variables que intervienen aquí y que hay que tenerse en cuenta, además de saber que la adaptación a un nuevo país no es lineal y tiene sus fases:

  1. Entusiasmo inicial.
  2. Frustración o choque.
  3. Ajuste.
  4. Integración progresiva.

Si en algún momento sientes que no estás rindiendo, o que el tiempo se te escapa de las manos en la oficina, no significa que hayas perdido tus talentes y capacidades, significa que estás adaptándote y eso conlleva mucho esfuerzo.

6. La pareja y la familia también viven el proceso

Si has decidido cambiar de vida en compañía, la experiencia es aún más compleja. Tanto tu pareja como tus hijos tienen sus duelos además de otros factores a tener en cuenta como:

  • Aislamiento o sentimientos de soledad a pesar de estar en la misma situación que tú.
  • Dificultades a la hora de encontrar trabajo o sus ocupaciones y nuevos roles.
  • Sensación de dependencia económica.
  • Desorientación sociocultural.
  • Frustración o no aceptación del nuevo idioma.

En tu caso, además de adaptarte profesionalmente, puedes sentir la responsabilidad emocional de sostener a los demás. Muchas veces, este peso no se verbaliza, es importante hacerlo.

7. La empresa no siempre está preparada para acompañarte

Las empresas globales y multiculturales suelen gestionar únicamente aspectos logísticos: Ayudan en temas de visados, vivienda, legalidades y contratos, movilidad global e incluso unos pocos ofrecen paquetes de formaciones para inmigrantes.

A pesar de todo el acompañamiento emocional y cultural no siempre está presente, y sin él:

  • Aumentan los conflictos interculturales.
  • Se generan malentendidos evitables.
  • Se reduce el compromiso.
  • Aparecen salidas prematuras.
  • Disminuye la productividad debido al estado anímico de la persona.
  • La salud mental del individuo se resiente y traduce en ansiedad o depresión.

La adaptación cultural no es automática y necesita estudio, reflexión, entrenamiento y acompañamiento. Es un proceso mucho más fácil de abordar desde la consciencia y los espacios de conversación.

8. Lo que sí puedes hacer cuando te mudas por trabajo

Aunque no todo esté bajo tu control, sí hay acciones que marcan diferencia.

  1. Practicar la observación antes del juicio: No todo lo diferente es incorrecto. Observa patrones antes de interpretar.
  2. Pedir feedback explícito: En entornos nuevos, preguntar cómo se percibe tu comunicación acelera la integración.
  3. Hacerte nuevos amigos: No necesitas veinte amigos. Dos o tres conexiones reales pueden cambiar la experiencia.
  4. Optimiza tu energía y cuida tu salud: Adaptarse agota. Dormir bien, mantener rutinas y espacios propios no es un lujo, es una estrategia.
  5. Ponerle nombre a lo que te pasa y hablar de ello: Hablar de la dificultad no invalida la oportunidad. La hace más sostenible.

¿En qué te ayuda el coaching cuando te mudas por trabajo?

Mudarte por trabajo es un punto de inflexión en tu vida. Es un proceso transformador y de autoconocimiento en el que reconstruyes y enriqueces tu identidad. Es un viaje interno y en épocas de transición vital tan importantes como esa, como esa que has escogido tú, es recomendable que estés acompañado por un coach para trabajadores globales que te ayude a acelerar el proceso de adaptación y que des lo mejor de ti en la empresa que ha pujado por ti, mientras mantienes la armonía y la coherencia con aquellos que te acompañan en tu viaje… Y es muy normal que busquemos soportes de apoyo, eso te ayudará a:

  • Volverte más consciente emocional y racionalmente en tu proceso de adaptación al nuevo país.
  • Ser más flexible ante la adversidad y la toma de decisiones.
  • Tener mayor comprensión, empatía y paciencia contigo mismo y con los demás.
  • Establecer estrategias de comunicación y liderazgo más efectivas.
  • Alimentar tu motivación y optimizar tu aprendizaje, tanto de lo que te rodea como de tus fortalezas y aspectos de mejora.
  • Aprender a habitar nuevos contextos sin perderte a ti mismo.

Y hacer eso, bien acompañado, marca toda la diferencia. Con LINKARYA conecta contigo, conecta con el mundo.

 

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